Sobre CRÓNICA DE MEDIOCRES

Lo he llamado Crónica de Mediocres porque creo que la mediocridad es una de las palabras que mejor definen el momento en el que vivimos. La vida pasa deprisa, las oportunidades también y entre ambas dos no hay tiempo para mejorar nada, es más, lo mejor penaliza, no se compra, la calidad se desprecia.

He elegido esta foto porque de alguna forma refleja lo antedicho, primero porque está algo borrosa, no se ve con claridad, y segundo porque para mi, esa araña es la representación de la mediocridad y su tela es el entramado en el que los mediocres caerán, caeremos, y desde la cual impedirá que escapemos, sólo unos pocos conseguirán salir, seamos nosotros.

Espero que os guste y para hacerlo más atractivo, podéis dejar vuestros comentarios picando en el título de cada entrada.

23 febrero 2015

Crónica de Mediocres 72


 
Los Servicios Profesionales en las Administraciones Públicas

Durante más de veinte años estuve gestionando servicios profesionales para diferentes ministerios y organismos públicos. Estos servicios profesionales estaban regulados mediante los correspondientes contratos firmados entre la empresa para la que trabajaba y los organismos públicos receptores de los mismos. Todos, absolutamente  todos esos contratos se consiguieron a través de los procedimientos de contratación que, en libre competencia y al amparo de la ley concursal española, normaliza la relación entre las empresas públicas y privadas, como oferentes de servicios y las distintas administraciones del estado, las comunidades autónomas, las corporaciones locales y las diputaciones provinciales, como receptores de servicios.

Mi experiencia en este campo siempre ha estado circunscrita a los servicios para la gestión de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en adelante TIC. No obstante, todas aquellas personas que hayan estado involucradas en la presentación de propuestas y/o hayan sido gestores, tras la correspondiente adjudicación, de servicios profesionales en otros sectores, a bien seguro verán reflejadas sus propias experiencias en este análisis.

Para la contratación de servicios hay diferentes tipologías que están íntimamente ligadas al alcance del propio servicio, como por ejemplo:

·      Gestión de proyectos cerrados
·      Mantenimiento de aplicaciones informáticas
·      Gestión de operaciones de infraestructuras TIC
·      Asistencia técnica a usuarios de soluciones TIC
·      Asistencia técnica de perfiles profesionales de diversas áreas.

Este análisis estará centrado en las dos últimos tipos ya que mientras en los anteriores la responsabilidad del producto o productos finales a entregar al organismo público, recae directamente en la empresa que ha sido contratada, en las asistencias técnicas, puede hablarse de una cesión temporal de trabajadores para que sea la propia entidad contratante la que administra los recursos humanos suministrados.

 Las administraciones públicas recurren al concurso de empresas privadas para la contratación de servicios profesionales debido a diversos motivos, entre ellos cabe destacar los siguientes:

·      Picos puntuales de trabajo que no justifican la contratación directa de personal o la creación de nuevos funcionarios.
·      Proyectos cerrados en los que se involucra la participación de un número considerable de personas con distintos perfiles profesionales y tras la finalización de los cuales, no es posible, ni se justifica, la continuidad a las personas.
·      Suplir las carencias de personal propio para la realización de las tareas dimanantes de la actividad diaria.
·      En algunos casos, contratar profesionales procedentes de la empresa privada para suplir la falta de compromiso de determinados funcionarios o trabajadores públicos que generan inestabilidad e imprevisión en el servicio que desde ciertos organismos públicos se brindan a los ciudadanos.

La contratación de las personas que se encargan de la “asistencia técnica” demandada por la administración, se realiza a través de empresas pero la intervención de éstas últimas en el desarrollo del trabajo que le será exigible a sus empleados será nula. Se puede afirmar que la única responsabilidad de la empresa contratada es el suministro de personas con el nivel de conocimientos y los años de experiencia detallados en el pliego de prescripciones técnicas publicado al efecto por el organismo correspondiente.

La adjudicación de los concursos para la contratación de “asistencias técnicas” se realiza atendiendo por una parte a la cualificación del profesional propuesto y por otra parte, a los llamados “criterios de valoración” que en su mayoría son objeto de valoración económica y están compuestos por diversas partidas.

Cualificación profesional

La inmensa mayoría de los concursos para la contratación de “asistencias técnicas” incluyen un formulario mediante el cual se recoge para cada categoría profesional , los conocimientos que los candidatos propuestos por las empresas deben tener así como los meses de experiencia durante los cuales ha desarrollado determinadas tareas sobre diversas tecnologías. Esto que inicialmente puede tener una consideración lógica, en la práctica, significa la invalidación de todos los profesionales propuestos con la única excepción de aquellos que ya hayan estado realizando ese mismo trabajo en el organismo contratante.

He visto, a lo largo de mis colaboraciones con distintos organismos públicos, casos en los cuales, para la confección de los formularios de cualificación técnica, se llegó  a solicitar a los profesionales que se encontraban realizando un determinado trabajo y cuyo puesto debía ser incluido en un nuevo concurso, el detalle de las tareas y las tecnologías sobre las que se actuaba, sin profundizar en cuales de esas tareas y tecnologías eran realmente imprescindibles, cuales necesarias y cuales de ellas deseables. Este modo de actuar invalidaba, de hecho, el acceso al puesto demandado de otros candidatos.

Por otra parte, poniendo como ejemplo un puesto técnico de perfil experimentado que debe tener un mínimo de 48 meses de experiencia en las tecnologías A, B, C, D y E además de una certificación X, debido a la dispersión de las tecnologías en las que se le exige experiencia y a lo complejo de las mismas, en la práctica resulta que para la mayor parte de los casos, hasta adquirir ese nivel de experiencia será preciso que transcurra entre un 50 y un 100% más de tiempo del que ha sido detallado en el pliego. No obstante, las tarifas por hora o jornada que el organismo contratante aplicará, equivaldrán, como es lógico, a los meses de experiencia exigibles a través del pliego. Resumiendo, adquirir 48 meses de experiencia real y consolidada en seis, siete y ocho tecnologías diferentes, precisará de profesionales con más seis años de trabajo en las TICs.

Las consecuencias de ese tipo de valoración profesional, entre otras, pueden ser las siguientes:

1.    Al exigirle a las empresas la presentación de CV nominativos que deben cumplir con una serie de conocimientos y unos niveles de experiencia intrínsecamente ligados a las tecnologías utilizadas en un organismo determinado, si anteriormente no se ha tenido la oportunidad de colaborar en ese puesto concreto, se está forzando al falseamiento de la realidad dado que cualquier candidato que no refleje los criterios mínimos detallados para el puesto, será excluido y la empresa perderá sus opciones de conseguir la adjudicación del concurso.
2.    De facto, aunque la contratación se haga a través de una empresa, ésta es directamente dependiente de la persona presentada y podría afirmarse que  el organismo contratante únicamente valora a la empresa por su capacidad de contratación o reclutamiento de perfiles profesionales.
3.    En esta especie de cesión de trabajadores, el empleado adscrito a un determinado organismo público, puede llegar a sentirse totalmente desvinculado de su empresa, cuando desde el órgano contratante no se ofrece la suficiente flexibilidad para el mantenimiento del contacto empleado – empleador, mediante la asistencia a reuniones, sesiones de formación, compartición de conocimientos con otros compañeros de la misma empresa, etc. He sido testigo de cómo un número considerable de profesionales saltaban de unas empresas a otras con el objetivo de continuar realizando el mismo trabajo en el mismo organismo. En todas las ocasiones, estos profesionales manifestaban su falta de identificación con la compañía que les pagaba la nómina. En algunos casos, empleados que de alguna manera habían manifestado un cierto deseo de cambio, rechazaban nuevos destinos ante el vértigo de abandonar su zona de confort.
4.    En ocasiones, quizás en más de las debidas, los responsables de determinados departamentos de organismos públicos, en su intento de disponer de los mejores profesionales para solventar con las máximas garantías los posibles incidentes acaecidos en el día a día, sobredimensionan sus equipos, tanto en efectivos como en experiencia, con el correspondiente efecto mermador para el erario público al incurrir en más gasto y con la desafección de profesionales poco motivados al tener que asumir tareas repetitivas para las que no se precisa el nivel de conocimiento y experiencia demandados.
5.    Es casi práctica general que en las subdirecciones o en los departamentos de TIC en organismos del estado, autonómicos y locales, más del 50% de su personal provenga de la empresa privada.

Por todo lo antedicho, y en relación con la gestión de los profesionales bajo el modelo de asistencia técnica en las administraciones públicas, siendo consecuentes, llevaría a organismos públicos, empresas y a profesionales a un cambio de paradigma del modelo de relación en el que se podría tener en cuenta lo siguiente:

A.   Los organismos públicos deberían asumir como personal propio a aquellos profesionales que durante lustros han estado realizando un trabajo determinado y del que se prevea que tendrá continuidad en el tiempo.  Miles de personas se verían reconocidas por la labor realizada en la administración.
B.   En el futuro, los organismos públicos deberían convocar oposiciones para cubrir con personal propio aquellos puestos de trabajo que se prevean estables y perdurables. Los ahorros para la administración serían evidentes.
C.   Para aquellas ocasiones en las que se precisen colaboraciones profesionales puntuales y con una duración determinada, los organismos públicos y los responsables funcionales de éstos,  deberían definir las funciones a realizar y las tecnologías sobre las que se realizarían pero no ligarlo en ningún momento a personas. Debería darse total confianza a las empresas que vía concurso público, hayan mostrado y comprometido sus mejores capacidades.
D.   Las empresas que optan a concursos públicos de “asistencia técnica” deberían de evitar la cesión de trabajadores para impedir que éstos pasen a ser gestionados, o lleguen incluso a formar parte del “personal”, del responsable de turno.
E.    Las empresas deberían forzar la comunicación con sus empleados durante el horario laboral con la finalidad mantener el vínculo que les une, más allá del pecuniario. Para ello, los responsables del contratista deberán trabajar con los responsables del cliente en la definición del marco de responsabilidades esperadas de los profesionales asignados así como del modelo de seguimiento del rendimiento bajo criterios de solvencia y calidad.
F.    Por su parte, los profesionales destinados en organismos públicos bajo el modelo de “asistencia técnica” deberán asumir su pertenencia a la empresa privada, tomar conciencia de la importancia de desarrollar un servicio de calidad y mantener siempre en mente que una actitud profesional exigente redundará en una mejor gestión de lo público.

 Criterios de valoración de propuestas

Así como la cualificación de los profesionales ofertados por las empresas para conseguir llegar a ser las adjudicatarias de un concurso, paradójicamente y sobre el papel, suelen ajustarse casi al ciento por ciento a las exigencias descritas en los pliegos de prescripciones técnicas para evitar la invalidación de sus propuestas, es mediante los “criterios de valoración”, con una perversa mezcla de objetividad y subjetividad, donde las empresas que compiten se juegan realmente la adjudicación.

Esos criterios de valoración, en la mayoría de los concursos suelen dividirse en dos secciones, a saber: Económica y Técnica.

Valoración económica

En los concursos públicos bajo la denominación de “asistencia técnica”, el importe total del concurso, o techo de licitación, se calcula en base al sumatorio de las tarifas que el organismo público haya establecido para cada una de las categorías profesionales que se precisan cubrir, multiplicada por el número de horas previstas durante el periodo de tiempo que abarque el contrato.

La valoración económica suele tener entre un 30 y un 70 por ciento del peso de la valoración total de la oferta y  para su cálculo se tiene en cuenta el precio ofertado por cada una de las empresas en relación con el precio más bajo de entre todos ellos. En algunas ocasiones se limita el descuento a realizar por los concursantes sobre el techo de licitación e incluso, en determinados concursos, se hace mención a la exclusión del aspirante a adjudicatario en caso de que la oferta se considere que incurre en baja temeraria. Normalmente tienen consideración de baja temeraria aquellas ofertas que superan en un número determinado de puntos porcentuales, el descuento medio de todas las ofertas sometidas a consideración.

En general las tarifas por hora y categoría profesional, sin descuento y salvo excepciones, suelen ser adecuadas para contener el gasto del organismo público, permitir el beneficio para la empresa privada y, como no podía ser menos, asignarle al profesional una remuneración de acuerdo a su preparación, experiencia y funciones a desarrollar. El elemento distorsionador de este equilibrio se produce cuando el descuento máximo admitido por la administración o no está limitado o ha sido establecido en un porcentaje claramente favorable para el emisor del concurso. Descuentos superiores al 10% junto con el resto de criterios de valoración que siempre deben ser tasados por los ofertantes, merman o bien el beneficio empresarial o bien la remuneración de los técnicos o ambos.

En los análisis realizados a lo largo de mis años de experiencia, de los importes ofertados por las empresas en sus respuestas a concursos públicos de “asistencia técnica”, he podido observar como dichos descuentos se apuran a los máximos permitidos. También he visto como adjudicaciones realizadas bajo criterios casi exclusivamente económicos, con descuentos desproporcionados, han llevado a la empresa adjudicataria a serios problemas debido a las pérdidas en las que han incurrido. Igualmente he sido testigo, aunque en muy contadas ocasiones, de cómo empresas, confiadas en su posición de dominio, por su nivel de especialización en determinadas tecnologías, arriesgaban y perdían concursos por no realizar ningún tipo de descuento o hacerlo simbólicamente.

Valoración técnica

Los criterios para la valoración técnica son un conjunto de aspectos muy dispares que pueden ir desde planes de garantía, planes de calidad, acuerdos de nivel de servicio (con innumerables indicadores de muy difícil seguimiento), implantación de procedimientos operativos, planes de formación a empleados públicos, horas adicionales a las mínimas exigidas en el pliego, horas de apoyo de personal técnico de terceros, alianzas con fabricantes, número de certificaciones en posesión tanto por la empresa como por sus empleados, planes de comunicación, planes de traspaso de conocimiento a la finalización del concurso, etc.

Si tenemos en cuenta el hecho de que el número de criterios para la valoración técnica puede oscilar entre diez y varias decenas, en el caso de que se incluyan acuerdos de nivel de servicio, y que cada uno de esos criterios a cuyo cumplimiento las empresas se comprometen, para evitar un rendimiento negativo de la operación, debe ser convenientemente estimado en coste, fácilmente se llega a la conclusión de que los grandes perjudicados en este modelo de contratación son las personas que formarán la dotación demandada en el concurso.

Las empresas, por su parte, no disponen de margen de actuación para obtener rendimiento alguno de todas esas exigencias adicionales que pasarán a formar parte del contrato con la administración.

Adicionalmente, cuando en esos acuerdos de niveles de servicio se incorporan criterios como:

·      Un número determinado de horas iniciales, normalmente 160, no facturables para adaptación al puesto.
·      Un número determinado de horas de solapamiento entre profesionales que dejan su puesto y aquellos que los sustituyen.
·      Penalizaciones como días no facturables en el caso de que se excedan el plazo de incorporación de nuevos profesionales.

Se produce una nueva vuelta de tuerca que tendrá como consecuencia la prudencia de las empresas a la hora de realizar cambios en los equipos de trabajo por los altos costes y una disminución del beneficio a la que inexorablemente deberán enfrentarse.

Por otra parte, criterios de valoración como planes de calidad, implantación de procedimientos, planes de seguridad y en definitiva todo aquello que debería formar parte de la estrategia de gestión de las TIC, no pueden ser objeto de valoración objetiva y son, en muchos casos, la base sobre la cual los concursos se adjudican a favor de determinadas compañías. No soy consciente de que un solo organismo público haya implantado un plan estratégico ofertado como una prestación adicional a un concurso público, los planes estratégicos, hasta donde he llegado a ver, siempre se han desarrollado bajo concursos específicos.

Para añadirle mayor complejidad aún a las adjudicaciones y poner a la administración en verdaderos apuros, las empresas con dilatada experiencia en la presentación de ofertas para la consecución de concursos de “asistencia técnica”, suelen comprometerse en el límite del umbral de saciedad, es decir, en la máxima valoración de un criterio a partir del cual cualquier mejora no añadirá valor a la propuesta.

Como conclusiones sobre los “Criterios de valoración de propuestas” en concursos de “asistencia técnica”, podríamos afirmar que:

1.    Los importes de licitación publicados por los organismos públicos son los adecuados pero al establecer altos descuentos o no limitarlos, rompen el equilibrio necesario para que todas las partes intervinientes en la ejecución del contrato, obtengan su cuota de beneficio.
2.    Salvo excepciones, las empresas ajustan al máximo los descuentos a las administraciones con la finalidad de intentar anular el criterio económico en las valoraciones de las propuestas.
3.    Los criterios de valoración de los concursos públicos de “asistencia técnica”, en muchas ocasiones suponen un incremento de costes que de ser exigidos al cien por cien por la administración supondrían pérdidas para las empresas.
4.    Este modelo de oferta y contratación deja muy poco margen operativo a las empresas ya que una vez que han sido adjudicatarias cuentan únicamente con la contención del sueldo de sus empleados, como medio para rentabilizar el contrato.
5.    Las administraciones incluyen entre los criterios de valoración de propuestas, la definición de planes, procesos y procedimientos que finalmente nunca serán implantados.


En consecuencia y en opinión del autor, el hacer lo correcto, cuando se trata de especificar criterios técnicos para la valoración de propuestas de “asistencia técnica”, debería centrarse en la potenciación de la persona, del profesional, en su formación, en su evolución, en la calidad del trabajo realizado y en la posibilidad de desvincularse del organismo público para el que presta sus servicios, sin incidentes.

Para ello, las administraciones públicas contratantes deberían de valorar a las empresas, las verdaderas responsables del contrato, antes que a las personas, incluyendo en esa valoración criterios afines a la gestión de personas, de profesionales y en la capacidad de esos procedimientos de gestión para conseguir inculcar cualidades que vayan más allá del mero bagaje técnico, como podrían ser: preocupación por los temas de calidad, orientación para el establecimiento de relaciones francas y ecuánimes, respeto personal, proactividad, fomento de la participación, capacidad para la búsqueda de información relevante para el trabajo que se está realizando, etc.

Los organismos públicos deberían abandonar esa práctica actual de intentar obtener costosos servicios adicionales, aprovechándose de unos concursos públicos cuya única finalidad es dotarlos de profesionales que complementen sus equipos. Sólo teniendo el pleno convencimiento de que para la contratación de la dotación de personas, cualquier criterio de valoración que no esté relacionado con la consecución de mejores profesionales, formados e íntegros, se conseguirá mantener el necesario equilibrio que permita que la administración reciba el servicio contratado, que la empresa pueda compensar a sus inversores y que los profesionales asignados evolucionen en la medida que sus cualidades se lo permitan.
JC

21 febrero 2015

Crónica de Mediocres 71


Me gusta la ortografía
                                                                     
Considero que mi ortografía es muy buena, quizás 8 sobre 10, también considero que la ortografía es importante, pero me niego a aceptar que una mala ortografía oculte el fondo de lo que se escribe o que a través de ella se minusvalore la creatividad de aquel que, por la razón que sea, no ha tenido la oportunidad de llegar a conseguir una ortografía como la de aquellos que son capaces de corregírsela.


Aprendí, me lo enseñaron en casa y más tarde fui capaz de observarlo en el trabajo, que el mensaje que se quiere transmitir no queda desmerecido por el hecho de no disponer de una ortografía impecable. Muchas veces el mediocre quiere ocultar su propia mediocridad criticando y corrigiendo aquello que otros crean. Miremos más allá de nuestras narices, y si después de hacerlo vemos que seríamos capaces de mejorar lo que tenemos delante, no en forma si no en fondo, seamos benévolos, posiblemente aquel que no es tan excelso como nosotros ha podido sufrir carencias. Me gusta la ortografía y, con mis limitaciones, intento serle fiel.

01 febrero 2015

Crónica de Mediocres 70



Para mis amigos y ciberamigos

Esta septuagésima Crónica de Mediocres está especialmente dedicada a mis amigos de Facebook, a las más de ciento diez personas con las que estoy “conectado” y con las que comparto toda la sinceridad que mi pudor me permite. Concretamente tengo ciento doce amistades facebusianas y a ninguna de ellas ha sido el azar quien me ha llevado a solicitarles estar en contacto, y a ninguna de ellas me ha llevado la necesidad de engrosar números, para aceptarlas en mi reducido y querido círculo de cibernéticas amistades. A todos mis amigos y amigas de Facebook, excepto a seis de ellos, los conozco personalmente, en otras palabras, he tenido relación personal con casi todos y es por ello, y por la calidad humana que me han demostrado (y espero que sea recíproco), que quiero y me apetece continuar en contacto aunque sea a través de esa delgada línea de enlace que es la internet.

Más allá de Facebook, a través de otras redes sociales, mantengo contacto con casi un millar de personas, pero con ésas, tengo que reconocerlo, las razones con más espurias y, sinceramente, no voy a dar más detalles.

Facebook, entre todas las redes sociales es para mi, por lo anteriormente dicho, donde se produce la verdadera concentración de personas con las que siento determinada connivencia en cuanto a sentimientos. Es quizás por esto que suelo mostrar, a través de este medio, mis inquietudes, temores y convicciones. En el ámbito de esto último, y debido a que afecta  directamente a planteamientos políticos, pido a mis amigos de Facebook que no duden en “silenciarme”, y que acepten mis disculpas, si en algún momento he podido violentar la sensibilidad de alguien.

No pretendo, bajo ningún concepto, querer imponer mis tesis, con lo que escribo simplemente quiero compartir el modo en el que veo lo que me rodea y me afecta. Acepto y promuevo, seguramente en base a la educación recibida de mis padres, la libertad de pensamiento y la firme convicción de que cada persona debe vivir siguiendo el camino trazado por ella misma, sin que nadie tenga derecho a coartar la libertad de los demás, más allá de lo que las leyes establezcan.

Recuerdo como una buena amiga me decía, después de casi veinte años de amistad, “aún no sé como piensas”, en relación a mis propios ideales; me pareció, tras analizarlo, algo extremista tanta asepsia política por mi parte y ello me llevó a no volver a dejar en mi interior aquello que tengo plenamente presente en cada uno de mis momentos vitales.

La vida es convivencia y la convivencia es saber aceptar la diversidad en el más amplio sentido de la palabra y, la amistad es quizás la más excelsa representación de la convivencia.

A mis amigas y amigos de Facebook.

Juan Carlos

25 enero 2015

Crónica de Mediocres 69


 
Las reminiscencias casposas y absolutistas del periodismo español

Dedicado a Indas, Maruendas, Jiménistas de los Santos y demás ponzoñosos ejemplos de lo que se confunde como periodismo. 

Bueno, me ha costado un poco pero aquí lo tengo, y digo que me ha costado porque la verdad es que no se me había ocurrido esto de recurrir a la web para tomar la muestra de aquello que, bajo mi propio prisma y forma de vida, me parece indecente y me ha llevado a poner en duda casi todo lo que desde los medios se disemina a los cuatro vientos.

El ejemplo sobre lo que voy a escribir puede verse a través de este link,

http://www.atresplayer.com/television/programas/lasexta-noche/temporada-1/capitulo-105-pablo-iglesias_2015012300402.html , concretamente entre los 50:50 minutos y las 02:22:04 horas.

El escenario es muy sencillo: una cadena de televisión, La Sexta, que emite un programa, La Sexta Noche, que, a través de un moderador, Iñaki López, recibe a un invitado, Pablo Iglesias (líder de Podemos), que será interrogado por tres periodistas (Lucía Méndez, Hilario Pino y Rubén Amón), además de ser sometido a escarnio público por el que se autodenomina periodista Eduardo Inda.

He elegido este ejemplo porque no me encuentro identificado con el ideario de Podemos, aunque comparto, con bastante simpatía, su atrevimiento de menear los cimientos de la anquilosada sociedad española, con el sano objetivo de finalizar con la desleal actitud para con los ciudadanos, de unos partidos políticos, principalmente pp y psoe, que se han apoderado del sistema democrático español, para aprovecharse de la durmiente actitud de unos ciudadanos que, confiados a sus brazos, se echaron a dormir como despreocupados bebés, necesitados de arrullos y la satisfacción de las más básicas necesidades para la subsistencia. En resumen, cualquiera que siga mi trayectoria en las redes sociales podrá ver que mis preferencias políticas no están alineadas con aquellos que, al parecer, son candidatos a tener un papel principal en el cotidiano teatro que es la escena política.

Hablábamos de cuatro periodistas, un moderador (también periodista) en un programa televisivo, en el que se recibe a un invitado.

Analizando el desarrollo del programa, vemos como el tiempo, que se espera sea repartido equitativamente entre todos los entrevistadores, es repartido desproporcionadamente y es paradójico observar como el periodista, al que más cuota de tiempo se le asigna, es el único irrespetuoso del grupo, éste es Eduardo Inda. El representante del más amarillo de los periodistas, se esfuerza, semana tras semana en mostrar y demostrar como la ofensa, la calumnia, la difamación y la mentira, tienen total cabida en un extraño entendimiento de lo que se llama libertad de información.

En la hora y media larga durante la cual se extiende la comparecencia de Pablo Iglesias, puede observarse claramente como los otros tres periodistas invitados, Pino, Méndez y Amón, tratan de marcar distancias con el engreído Eduardo. Por su parte, La Sexta, a través de su moderador, Iñaki López, corta descaradamente las intervenciones de aquellos que intentan reconducir lo que la cadena no tiene ninguna intención de corregir.

Este es para mi el paradigma de los medios de comunicación españoles, medios totalmente arrodillados ante don dinero que son capaces de tergiversar la objetividad, por el más sano de sus propósitos: el beneficio económico.

A Lucía, Rubén e Hilario mi reconocimiento por mantenerse a la altura del buen periodismo en un entorno hostil y por ende nada favorable a seriedad y objetividad. A La Sexta y a la dirección de La Sexta Noche, pedirles mayor complicidad con la ciudadanía y que dejen de una vez de especular con la información apadrinando a jaleadores y a mediocres criaturas como a esos mal llamados periodistas que hacen de la mentira, o de la media verdad, un arma con la que aniquilar todo aquello que no se encuentra en sintonía con sus planteamientos totalitarios.

A Iñaki López, pedirle más valentía, es un periodista valioso y con potencial, pero demasiado dependiente del pinganillo, cómodo y conservador, se echa de menos en él mayor control sobre lo que está moderando y contundencia ante el desvarío de algunos de los habituales del programa que se entiende debe moderar.

En nuestra España, determinados periodistas se han tomado en serio eso de “el cuarto poder” y han hecho de él su modus vivendi, y nosotros, los ciudadanos, sin ninguna capacidad para cribar el grano de la paja. 

Otras pruebas, véase el periodismo de La [sin]Razón sobre lo que para los chicos de Maruenda es la supernoticia del momento (vacaciones de la alcaldesa de Madrid) en la semana del 17 de agosto de 2015. 

Actualización 4 de enero de 2016: no habiendo temas importantes sobre los que informar, La Sexta corta el telediario de las ocho para conectar en directo y dar protagonismo a un equipo de futbol, ¡y España cayéndose!.

Juan Carlos.

10 noviembre 2014

Crónica de Mediocres 68



El Duro Golpe al Estado de Derecho

Desde pequeño, y esto hablando de hace ya bastantes años, me enseñaron que en esta vida, todo, absolutamente todo es replanteable. Aprendí que si en esta vida todo es replanteable, con más motivo, en democracia, cualquier asunto puede ser modificado, incluso la soberanía y el territorio.

Con esa premisa, la anteriormente expuesta, crecí y esa premisa es una de las que posiblemente nunca renegaré o traicionaré, creo que la necesito para convivir conmigo mismo y para respetar a la sociedad en la que vivo.

Es quizás por esa convicción por la que el día de ayer, 9 de noviembre, para mi fue un día triste. El estado de derecho, por una parte fue mancillado, por otra parte quien debería de haberlo protegido, lo dejó agonizar y se mostró pasivo y permisivo. España, lo he dicho muchas veces, véase esta “Crónica de Mediocres”, es un país no fiable, es un país poco honesto, no por sus gentes, que también, sino por sus gobiernos, indecisos, dejados, gobiernos que cambian las reglas del juego sobre la marcha sin pensar en respetar o pensar sobre las consecuencias que acarrea a nivel individual determinados cambios legislativos.

Ayer, en España, se produjo un hecho penoso y que evidencia falta de seriedad, legitimidad y confianza. Amparado por la irresponsable actitud del gobierno de una región española, Cataluña, se produjo una manifestación popular, ante la cual, como eso, manifestación popular, digo, chapó, y me quito (literalmente) el sombrero. Ayer vimos y debemos estar orgullos, una manifestación ciudadana, que quizás supere a la que se suscitó tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Ahora bien, para mi, que pienso que todo en este mundo puede ser cuestionado, replanteado y postulado para el cambio, el estado de derecho quedó tocado, quedó tocado por un gobierno regional que realizó un acto ilegal, quedó tocado por un gobierno del estado que permitió que un gobierno regional realizase un acto ilegal y que por coherencia, el propio gobierno del estado se torna en cómplice del gobierno regional.

Cataluña tiene un problema económico, por propia ineptitud, y el gobierno regional ha querido transformarlo en un problema ciudadano. El gobierno de España, liderado por un autista, ha estado, como se suele decir, mareando la perdiz para finalmente no hacer nada. Finalmente, todos perdemos y todos perdemos porque el enfrentamiento civil al que estos dos ineptos gobiernos, nos han llevado, están dejando como estela un ánimo resentido que, como siempre, seremos los ciudadanos los que reconduciremos, limaremos y estableceremos un marco de convivencia que los ineptos políticos han sido incapaces de conseguir.

Ayer una parte de la sociedad catalana salió a la calle para expresar su querencia, otra parte, la gran mayoría, no participó en esa representación falsamente llamada democrática. Hoy este despropósito debe reconducirse, Cataluña forma parte de España, guste o no guste y debemos ser todos los españoles los que decidamos, esto debemos ampliarlo al País Vasco y posiblemente a Galicia y Canarias, se necesita que por una vez, y por todas, la sospecha de ruptura entre regiones hermanas quede disipada. Se debería promocionar un referéndum en el que todos nos manifestemos, que nos manifestemos sobre verdades objetivas y sobre las ventajas y consecuencias que el separatismo puede acarrear a ambas partes, creo, en mi humilde opinión, que esto ha faltado. Hay que ser más objetivo y menos catastrofistas, al final, el sentido común del ciudadano, mucho más constructivo que espurios intereses partidistas, prevalecerá; me gustaría verlo.

Bueno, para terminar, creo que hay que decir, y decirlo bien alto, que lo acontecido ayer en Cataluña, o más bien en Barcelona, no puede ser considerado como una consulta seria, sujeta a derecho y digna de ser tomada en cuenta. La total falta de garantías sobre su desarrollo debe de ser suficiente como para desconsiderar cualquier valor a tal “hazaña”. Falta de censo, exclusión de determinados colectivos, aceptación de otros colectivos que no podrían haber votado en otro tipo de consultas, campaña realizada desde un único vértice, etc.

El ejercicio de desvío de la atención que la Generalitat Catalana ha querido hacer con este acto, no ha borrado ni su propia ineptitud en la gestión de los recursos con los que, de acuerdo con la ley,  disponen para dar los servicios a sus ciudadanos, ni su propia miopía, al querer manipular la realidad a la que han llevado a la sociedad catalana.

JC

03 noviembre 2014

Crónica de Mediocres 67


 
Lhardy: histórico cocido

Agradable, pasamos un momento muy agradable, comíamos un grupo de amig@s y el equipo de Lhardy se encargaba de que nos sintiésemos tan a gusto, que no teníamos ninguna prisa en irnos, casi dos horas y media allí estuvimos.

Desde el principio apreciamos que la cosa iba a ir muy bien, nos recibió un orondo portero que amablemente nos saludó, nos franqueó la entrada y nos indicó que debíamos de tomar la escalera que se abría a la izquierda y por la que deberíamos subir a la primera planta, ¡allá vamos!, dijimos.

Según alcanzamos la escalera, con una preciosa barandilla, sonó un timbrazo, chivatos me dije, llegábamos casi al primer piso cuando salieron a recibirnos, lo típico: nombre…, ¡ah sí!, por aquí. Seguimos los pasos de nuestro anfitrión y nos llevo a un pequeño salón, el japonés, apenas cinco mesas, la nuestra, éramos seis, creo que era la más grande, redonda, cómoda, con buenas sillas, bien vestida y dispuesta a recibir las viandas a las que estábamos deseando meterles el diente.

Enseguida nos trajeron una buenísimas aceitunas y unas cuantas nueces de mantequilla, además de unas croquetas de fina masa, para ir haciendo boca; que si les apetece un aperitivo, cerveza, vino, vermout, etc, y enseguida  nos tomaron la comanda, rápida y simple, cocido para casi todos, solamente uno de los comensales, por prescripción médica, prescindió del que puede ser el menú estrella de este afamadísimo restaurante. Pero como todo no es cocido en ese santuario, un minimalista panaché de verduras, en su punto, y unos chipirones en su tinta acompañados de un simple, pero excelentemente cocido, arroz blanco, fueron suficientes para consolar al que renunció a la sopa, los garbanzos y demás ingredientes de la más madrileña de las elaboraciones culinarias de la capital.

Bueno, que no he hablado de que la cubertería, vajilla, cristalería y demás elementos de sobremesa se encontraban en un muy buen estado de uso, el pan superior y, como si estuviésemos en pleno desierto, se nos sirvió agua, como signo de bienvenida.

Mientras se espera la llegada del suministro, se echa un vistazo a la sala, sin mucha fijación, ya que el que esto escribe no se precia de ser un minucioso observador cuando la decoración es el tema dominante. Sí puedo decir que nos encontrábamos en un comedor de época, iluminado por la luz que entraba desde un par de balcones y unas cuantas lámparas acordes con la antigüedad del lugar, una de ellas procedente o inspirada en las del lejano oriente. Decorado con elementos variados, el salón está bien conjuntado, nada sobrecargado y tanto los recubrimientos de las paredes como las cortinas y visillos que tamizan la luz exterior te retrotraen a las mansiones de esas películas costumbristas protagonizadas por gentes de clase medio alta.

Estábamos comentando acerca del lugar cuando llegó la primera parte del menú, la sopa del cocido, deliciosa, con sus fideos y picadillo de jamón, nada grasienta, sabrosa y apetecible, ninguno de los comensales repitió, la prudencia por lo que aún quedaba por venir, reprimía. Para continuar, garbanzos y carnes, de ave y de res, complementado con las rebanadas de pelota de carne y con salchichas. Los garbanzos en su punto justo de cocción y habiendo absorbido la sustancia que emana de tanto ingrediente. El plato quedó complementado con la verdura, concretamente repollo, chorizo, morcilla y tocino. Como acompañamiento nada mejor que vino, riojano para más señas.

El servicio excelente, agradables, muy positivos y haciendo que nos sintiésemos francamente bien, atentos a todos los detalles, sonrientes y preocupados para que no nos faltase lo más mínimo. Nada que ver con esos sitios en los que te atienden personas con la cara acartonada, inexpresiva y hasta ofensiva.

Con los postres sí que hubo unanimidad de grupo, los seis tomamos un soufflé que, todo hay que decirlo, nos fue ofrecido y fue aceptado al principio de la comida. Un postre ligero, necesario para ayudar a digerir la legumbre la verdura y las carnes: helado de vainilla sobre bizcocho y todo generosamente cubierto de merengue ligeramente tostado.

Para finalizar café e infusiones acompañados de trufas de chocolate, yemas y un digestivo, una comida redonda.

Repetiremos, sí, con total seguridad, uno de nosotros, en esta ocasión no pudo saborear el plato estrella y eso hay que corregirlo. ¿Volverá a fallar alguno de los comensales la próxima vez?, en su momento se vera.

JC

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